A pesar de que muchos lo nieguen, a pesar de sus imágenes terroríficas y repulsivas, el género de horror es uno de los que más adeptos tiene en la actualidad. En este trabajo se analizarán sus características e historia, tratando de entender la fascinación que causa en el público masivo.

El género terrorífico
El objetivo de este género es el de inducir sentimientos de miedo y horror en los receptores. Para ello se vale de una atmósfera extraña y siniestra y se alimenta de los grandes miedos de la sociedad.
H. P. Lovecraft escribió en 1927 que no existe emoción más antigua y más fuerte que el miedo y que no existe miedo más fuerte y antiguo que el miedo a lo desconocido. A partir de eso que no entendemos y desconocemos han surgido infinidades de historias, leyendas, mitos, religiones… todos ellos tratando de buscar una explicación a los fenómenos inexplicables; una explicación que calme nuestra ansiedad aunque sea de forma fantástica. Por eso existen autores, como Douglas Winter, que sostienen que el horror trasciende las fronteras del género para convertirse en una emoción intensa.
El terror causa tensión en sus receptores y es difícil de definir, ya que depende en gran parte de la historia personal de cada uno de ellos. Es la expresión de deseos inadecuados, perturbadores, que necesitan ser contenidos.

A pesar de esto, podemos definir algunas de sus características más frecuentes:

  • atmósfera que nos muestra un mundo sobrenatural, donde el miedo es habitual y las personas son más vulnerables de lo habitual (lugares oscuros, edificios abandonados, escenas nocturnas)
  • violencia gráfica, lenguaje fuerte y situaciones sexuales que evocan miedo, furia y tensión respectivamente
  • un antagonista sobrenatural (o fuera de lo normal) con habilidades sobrenaturales, que a la vez son muy evidentes, a veces exagerados, fríos, crueles, dementes
  • las víctimas son generalmente mujeres o personas vulnerables
  • finales abiertos, sin resolver, que nos dejan la sensación de que aún estamos bajo amenaza
  • aparición de eventos inesperados que mantienen la intriga y suben el nivel de tensión
  • temas relacionados con la lucha entre el bien y el m

Dentro del género de terror podemos separar tres niveles que apelan a diferentes aspectos de nuestros sentimientos de incomodidad, tensión y miedo :

  • Horror: es un sentimiento intenso (no necesariamente, miedo) que provoca sensaciones físicas y es causado por algo espantoso que ha sucedido; implica una presencia paranormal (monstruo) – Ej: el vampiro a punto de atacar a su víctima
  • Terror: es un miedo intenso que provoca ideas y especulaciones y nos pone alerta; puede tener una explicación racional – Ej: la víctima escucha ruidos a su alrededor que la asustan pero no puede definir la fuente de esos ruidos
  • Repulsión: es el nivel más bajo de sensaciones causadas por este género e incluye al sentimiento de aversión causado por la presencia de sangre, vísceras, etc. – Ej: el asesino desmiembra meticulosamente a su víctima

Podemos reconocer varias categorías dentro del género de horror:

  • Horror Sorprendente: Contiene elementos sobrenaturales (irreales, imposibles, irracionales) o elementos que siguen las leyes racionales pero son increíbles, perturbadores, inusuales, inesperados, únicos. El receptor tiene la oportunidad de encontrarles su propia explicación. Las leyes de la realidad permanecen inalteradas. – Ej: extraterrestres
  • Horror Maravilloso: Fenómenos aparentemente irracionales e incomprensibles, explicables únicamente si aceptamos la existencia de una segunda capa sobrenatural de la realidad. Implica la aceptación de “nuevas leyes de la naturaleza”. Ej: vampiros, hombres-lobo, zombies, demonios
  • Horror Fantástico: No nos permite una explicación racional pero nos ofrece varias alternativas: el receptor debe decidir si los fenómenos que presencia son reales o son parte de las alucinaciones de su protagonista. – Ej. “The Shining” (King/Kubric)

También podemos señalar la existencia de varios sub-géneros:

  • Horror rural: La acción se desarrolla en un lugar alejado de la civilización. Incluye a alaguna leyenda o mito local. Ej.: “Evil Dead”, “Wrong Turn”, “The Hills Have Eyes”
  • Horror cósmico: Definido por Lovecraft y sus Dioses que llegaron del espacio exterior y dominaron la Tierra pre-humana. Incluye elementos de ciencia ficción. Ej.: “Alien”, “The Thing”, “Prometheus”, “The Whisperer in Darkness”
  • Horror apocalíptico: Relacionado con el fin del mundo, evento causado por distintos factores. Ej.: “12 Monkeys”, “Zombieland”, “The Omega Man”
  • Horror criminal: La investigación de un crimen va escalando en tensión y aparecen elementos de terror. Ej.: “Se7en”
  • Horror erótico: Imágenes sensuales y sexuales se mezclan con elementos de horror. El arquetipo más relacionado con este género es el del vampiro. Ej.: historias de Anne Rice, serie “True Blood”
  • Horror ocultista: Se enfoca en exorcismos, el anticristo, cultos, misticismo, maldiciones y ciencias ocultas en general. Ej.: “The Exorcist”, “Constantine”, “Amytiville horror”
  • Horror psicológico: Se basa en los miedos del protagonista, sus sentimientos de culpa, su fe, su inestable estado mental que va desarrollándose en tensión y horror. Ej.: “American Psycho”, toda la saga del Dr. Hannibal Lecter
  • Horror Surreal: Busca contar una historia terrorífica que perturbe al espectador, agregando elementos surrealistas, oníricos, grotescos, bizarros y fantásticos. Ej.: películas de D. Lynch y de Cronenberg
  • Horror visceral: Es el más impactante y perturbador de los sub-géneros terroríficos. Muestra sangre, vísceras y brutalidad. Nos expone a las formas más perversas y desagradables de asesinato, masacre y mutilación del cuerpo humano. Ej.: “The Texas Chainsaw Massacre”, “Saw”, “Hostel”

La literatura de terror

El el ámbito literario el horror se centra en los aspectos estéticos de la trama, evocando en los lectores sensaciones de miedo y tensión. Sus personajes responden a los arquetipos delineados en la antigüedad, pero éstos son arquetipos dinámicos que se modifican constantemente, a medida que as ansiedades de la sociedad cambian de foco.

Sus formatos más populares son los de cuento corto y novela. En los relatos breves el motivo de horror es elaborado en un tiempo corto. El foco está puesto en una cantidad reducida de personajes, los cuáles son descriptos en detalle y permiten que el lector se ponga en un contacto más personal con ellos.
En la novela de terror la historia se desarrolla a lo largo de un lapso mayor de tiempo y se enfoca en comunidades de mayor tamaño. El lector se ve interrumpido eventualmente en la lectura, lo que puede resultar dañino para un género tan orientado hacia las emociones, si la historia no es lo suficientemente atrapante.

El origen

El origen de las historias fantásticas se puede rastrear hasta el principio de la civilización humana, cuando intentábamos explicar fenómenos naturales mediante leyendas, mitos y tradiciones religiosas. Cuando estas explicaciones giraban en torno a temas tales como la muerte, la maldad, la vida después de la muerte, la loca, los demonios, etc. daban origen a historias teñidas de elementos terroríficos.

Las antiguas tribus humanas vivían en peligro constante, amenazadas por depredadores o fenómenos climáticos que amenazaban la disponibilidad de vegetales. Las historias de terror les recordaban que debían estar siempre alerta, estar listos para enfrentarse a la catástrofe y no arriesgarse más allá de lo necesario.

Con el desarrollo de la agricultura y la ganadería, la humanidad se instaló en aldeas que ofrecían cierta protección ante las amenazas del ambiente, además de contar con un flujo más o menos constante de alimentos, abrigo, etc. Ya no era necesario salir de cacería y la sensación de peligro fue desterrada del imaginario cultural. Las historias de terror, contadas junto a la hoguera por las noches, trató de compensar la pérdida de la excitación ante el peligro, recordándonos que el mundo no es siempre un “lugar seguro”, ejercitando nuestros “músculos mentales” y haciendo que mantengamos siempre una sana cuota de precaución.

El miedo también inició el establecimiento de la fe y la religión. Lo desconocido sólo podía ser explicado al crear la figura de un ser superior poderoso que decide nuestros destinos. Para cada fenómeno inexplicable surgió un personaje, humano o no, con habilidades sobrenaturales y poder invencible. Estos dieron origen a los personajes arquetípicos: dioses, demonios, fantasmas, etc.

La Novela Gótica

No es hasta el siglo XVII que el terror aparece como un género literario, encarnado en la novela gótica inglesa. Ésta se construye espontáneamente a partir de símbolos que habitan en lo más profundo de nuestra mente, de la misma forma que ocurre en nuestros sueños y constituye una reacción ante las ideas racionalistas de la época. El auge del escepticismo y la filosofía racionalista impulsa un cambio en la literatura, que prefiere tratar el mundo de lo fantástico y lo sobrenatural.

Sus características sobresalientes fueron:

  • La capacidad de captar la atención del lector e inducir su más profunda concentración, penetrando en su mente y mostrándole sus propios fantasmas y deseos.
  • Ambientes desconocidos: lugares y épocas pasadas o inexistentes que no pueden recordarnos nuestro presente. Cuanto más viajes (en el tiempo o en el espacio) se realicen, mejor era su efecto. Viajar es igual a huir de los problemas, preocupaciones, etc. Uno de los principales objetivos de la novela, fue alejarnos de nuestra vida cotidiana y hacernos olvidar de nuestras preocupaciones.
  • Personajes fascinantes: personajes siempre inteligentes, con enigmáticos misterios, conscientes de su culpa, atractivos
  • Muchas veces aparecía una buena cuota de romanticismo.
  • El peligro era infaltable y generalmente venía de la mano de villanos aparentemente irreductibles.
  • Una muchacha en apuros para ser salvada por el héroe o por su amor, siempre con un papel secundario. Esta característica incluso aparece en una época en que se desarrollaba la emancipación femenina.
  • La violencia y la brutalidad apenas aparecen esbozadas o insinuadas por unas pocas gotas de sangre o jirones de tela enganchados en un arbusto.


Obras importantes del período gótico

“El Castillo de Otranto” (1764) de Horace Walpole es la historia de Manfredo, quien repudia a su esposa y pretende hacer suya a la prometida de su hijo (el cual sufrió un terrible y ridículo accidente en el patio del castillo). La novela se continúa con una sucesión de lides amorosas y apariciones y concluye con una boda feliz y Manfredo recluido en un monasterio, arrepintiéndose de sus pecados. En un primer momento, esta novela se publicó como una traducción de un manuscrito antiguo, pero ante el relativo éxito de su obra, Walpole confesó su autoría. La novela es mediocre y poco convincente, criticada por su sensacionalismo y cualidades melodramáticas. De todas maneras asentó los elementos fundamentales del género gótico: viejos castillos, apariciones fantasmales, bosques umbríos, etc. Walpole había creado unos personajes y un escenario que en manos más diestras darían lugar a grandes historias.

Anne Radcliffe fue quizás la mejor escritora gótica, cuyo talento rozó la genialidad. Escribió alrededor de seis novelas, entre las que se destacó “Udolfo” (1794). En esta historia, Emily, una joven francesa, es llevada a un castillo en los Apeninos luego de la muerte de sus padres, para vivir con su tía y su nuevo esposo, dueño del castillo.

En “El Monje” (1796) de Matthew Gregory Lewis, el autor agrega al terror matices violentos, por lo que esta obra fue censurada en su momento. El personaje principal es un perverso monje español, Ambrosio, que se entrega a las acciones más inicuas tentado por un demonio en forma de mujer. Es atrapado por la Inquisición y vende su alma al Diablo para evitar al verdugo, sin saber que el jurado lo perdonará al día siguiente. La satánica burla, termina con Ambrosio hundiéndose en la condena eterna.


“Melmoth, el errabundo” (1820) de Charles Robert Maturín es una obra de gran valor, calificada por otros importantes autores. Un caballero irlandés consigue prolongar su vida vendiendo su alma. Sólo puede escapar a este trato consiguiendo que alguien ocupe su lugar.

Luego de “Melmoth…” la novela gótica comienza a perder peso. Cumple con su ciclo, el que comenzó como una rebelión ante la Edad de la Razón y finaliza con la incorporación de la razón como determinante del terror. Hoy en día, sus características siguen presentes en el perfil del personaje antagonista, cuyas características apelan a nuestro temor, en los aspectos melodramáticos del romance y, aun más, en las historias de doncellas perseguidas y separadas de su verdadero amor. Esta fórmula gótica, sólo pudo ser recuperada por el cine.

Capítulo aparte merece Edgar Allan Poe, el mayor escritor de cuentos y poesías góticos. Poe cambia el escenario, trasladando la acción a las casonas victorianas de Nueva Inglaterra. Estos escenarios desoladores y melancólicos son el reflejo del alma de sus personajes. Junto con Baudelaire, Poe fundó una nueva estética: ambos retrataron las partes más oscuras del alma, las que eran enmascaradas por una tradición puritana, creando una estética de la desesperación , la melancolía y la enfermedad.

Hacia fines del siglo XVIII la novela gótica estaba perfectamente delineada y en su mayor época de esplendor.

El Vampiro y la Novela Gótica

La primera historia de vampiros surge de la pluma del doctor John William Polidori, amigo (y suspuesto amante) de Lord Byron, en la misma noche de 1813 que vería nacer al Dr. Frankenstein y su monstruo. Lord Byron, Polidori, Percy Shelley y su flamante esposa, Mary, recluidos por una tormenta en Villa Diodati (Ginebra, Suiza) pasaban la noche leyendo historias de fantasmas y propusieron escribir sus propias historias. Sólo Polidori y Mary Shelley llevaron a cabo el desafío.

“El vampiro” (1819) de John Polidori reforma la imagen del vampiro, alejándola del no-muerto de apariencia cadavérica de las leyendas europeas. Lord Ruthven es un bebedor de sangre que se pasea por los círculos más selectos. Otros autores siguieron este ejemplo y convirtieron a el vampiro en la figura más representativa del gótico.

“Varney, el vampiro o festín de sangre” (1847) de Thomas Preskett es una muy buena historia, mal escrita. Inaugura la saga del vampiro especializado en la seducción de cándidas y bellas jovencitas, dándole un tono morboso al tema. Pero falla a la hora de caracterizar la personalidad de Varney, un ser que no se hace ningún planteo filosófico sobre su existencia.

En 1872 se publica “Carmilla” de Joseph Sheridan Le Fanu, importantísima fuente de inspiración para el Drácula de Stoker. Es una novela corta de muy buena calidad en la que se tocan temas un poco delicados para la época, como la amistad femenina (y el lesbianismo), la soledad, el deseo sexual y la avidez de sangre, de una manera tan sutil que no resulta chocante para el lector.

“Drácula” (1897, Bram Stoker) representa el epitafio del gótico ortodoxo. Inspirada en la figura histórica del sanguinario príncipe Vlad Teppes de Valaquia (Transilvania, Rumania) que gobernó esa región entre 1448 y 1476. Fue calificada como una novela victoriana de aventuras con marcados elementos góticos: hombres jóvenes y heroicos, jóvenes bellas y virtuosas en peligro y un villano adecuadamente malvado. Su trama imita a un romance caballeresco en la que Jonathan Harker y sus compañeros serían el grupo de caballeros y Van Helsing una suerte de mago Merlín.

Es una novela visionaria que analiza factores de la mente que no estamos acostumbrados a tratar, ya que afecta a nuestra comprensión. Son estos puntos también los que captaron la atención del público:

  • Transilvania era un lugar misterioso y poco conocido.
  • Existe una fuerte alegoría sexual; el núcleo de la acción está relacionado con el sexo y no con el amor.
  • Cuando Drácula afecta a las mujeres las convierte en seres lángidos y voluptuosos, sexualmente exigentes, desenfrenadas y eróticamente atractivas, que resultan peligrosas para los hombres. Stoker plantea la necesidad de controlarlas.
  • El intercambio de sangre, alude al intercambio de intimidades y secretos prohibidos.

Para esta época ya no quedaba nadie que en 4 o 5 años no hubiera sufrido más desgracias de las que los novelistas habían descrito a lo largo del siglo. El género requería un cambio.

El Romanticismo

A fines del siglo XVIII surge esta corriente literaria como reacción ante el neo-clacisismo, una filosofía que intentaba imponer el orden y las normas de la antigüedad greco-romana. El Romanticismo se reveló en contra de este orden, proclamando que los sentimientos eran más importantes que la razón. Se caracterizó por la libre expresión de la sensibilidad, la preponderancia de la imaginación sobre el análisis crítico, el individualismo y la exaltación dela naturaleza y de los impulsos del espíritu libre.

Dentro de esta corriente artística podemos ubicar a “Frankenstein o el Moderno Prometeo” (1818) de Mary Wollstonecraft Shelley. Mary, de tan sólo 20 años, se basó en una pesadilla de su infancia en la que un “estudiante de ciencias impías” creaba un ser viviente con partes de cadáveres. Agregó a su sueño los datos que recientemente habías sido descubiertos en relación al galvanismo y la capacidad de reanimar partes de cadáveres mediante la utilización de electricidad y nació así la que probablemente sería la primera novela de Ciencia Ficción.

Prometeo es un titán de la mitología clásica que crea a los hombres a partir del barro, introduciendo en la humanidad el fuego del Sol. De esta manera, el hombre trata de imitar a los dioses, usurpando los poderes divinos de la creación. Pero, aunque somos lo bastante inteligentes como para utilizar este poder, no somos lo suficientemente astutos como para controlarlo. Crear un ser humano artificial es el sueño más claro de la humanidad en relación con los poderes de Dios, sueño que hoy en día está representado por la creación de robots y androides.

Frankenstein es un científico suizo que pretendía crear un hombre mediante la galvanización de tejidos muertos. Una vez que lo logra, espantado ante el horror de su creación, lo rechaza y el monstruo destruye a toda su familia y allegados. La historia marca una fuerte analogía con la Creación: Dios crea a la humanidad pero no puede controlarla.

Varios son los autores que posteriormente van abandonando los escenarios góticos y trasladan el horror a lo cotidiano. El miedo puede nacer a pleno Sol y en casi cualquier lugar. De esta manera el horror se separa definitivamente del género gótico y adquiere una identidad propia.

El nacimiento del cine

En 1985 los hermanos Lumiere hacen su primera proyección pública, inaugurando la era de la cinematografía. Las imágenes en blanco y negro, mudas, en movimiento, a veces fragmentadas por el plano en que se las ha registrado, mostraban una realidad distorsionada que causó miedo a más de uno.
Al igual que los relatos orales contados alrededor de la hoguera, el cine está pensado para las masas. De esta manera, el espectador percibe atisbos de terror de manera personal e individual, aunque no está solo en la sala de cine, ese ambiente oscuro en el que una pantalla nos muestra imágenes perturbadoras que se ciernen sobre nuestras cabezas.

Cuando asistimos a una función de cine, nos predisponemos a entrar a un mundo desconocido, en el que seremos espectadores (cual voyeurs) de nuestras fantasías inconscientes, reprimidas por las reglas de la sociedad. El cine de terror juega con las leyes de la realidad, introduciendo a un extraño oculto que se opone a las normas sociales establecidas.

Comenzaría así una etapa en la que cine y literatura de terror se nutren mutuamente, relacionándose de formas más o menos felices, con el objetivo de inquietarnos y no dejarnos dormir por las noches.

Orígenes del cine de terror: el expresionismo alemán

Las primeras películas que podrían encuadrarse dentro de la iconografía del género de terror, se encuentran dentro de la corriente estética conocida como expresionismo alemán. Se caracteriza por una máxima subjetividad, en el que el individuo se separa de la realidad y se adentra en un mundo distorsionado, representado en escenarios de formas anormales, contrastantes y superpuestas.
Los personajes no tienen matices: el mal es absoluto y se encarna en una sola persona o entidad. Para lograr estos contrastes se vale de los efectos especiales utilizados en obras de teatro y de actores muy expresivos, capaces de suplir con gestos la falta de palabras. En sus historias, es frecuente encontrar un triángulo formado por personajes muy estereotipados: el protagonista, el mal exterior y la bondad absoluta, representada por la doncella en apuros.

Ejemplos de esta etapa son “El Gabinete del dr. Caligari” (Wiene, 1919), “Nosferatu” (Murnau, 1922) y “Vampyr” (Dreyer, 1932).

El Horror Arquetípico

Mientras tanto, en el ambiente de las letras, una nueva forma de horror nacía. Howard Phillips Lovecraft, un hombre enfermizo y misántropo de Nueva Inglaterra, marcaría una nueva revolución en la literatura de terror. Crea su propia mitología, con un panteón regido por criaturas ciclópeas sumergidas en una muerte-sueño milenaria, esperando volver a este mundo cuando algún hombre recite las invocaciones arcanas. Agrega elementos de ciencia ficción, transformando a sus monstruos en seres de otro planetas y dimensiones que amenazan la vida terrestre. También creo una bibliografía verosímil, la cual sustentaba sus mitos y era citada minuciosamente en varias de sus obras.

Los dioses de Lovecraft simbolizan arquetipos poderosos que pueblan el inconsciente colectivo de la humanidad y yacen reprimidos esperando la oportunidad para avasallar la conciencia y dominar nuestros actos. El hombre no es más que una “mota de polvo” en el todo universal, surgido a partir de un error en las experimentaciones de seres extraterrestres más avanzados.

En torno a Lovecraft, se formó un círculo de escritores con los que compartía esta mitología. Después de la muerte de su mentor, cada uno de ellos tomó su propio camino, optando por formas más convencionales de terror. Ellos fueron Robert Bloch (“Psicosis”), August Derleth (el máximo continuador de los Mitos de Cthulhu), Robert Howard (“Conan, el bárbaro”), etc. Lovecraft nunca tuvo la capacidad narrativa de Poe pero dio forma al horror numinoso o cósmico, influenciando al resto de la literatura oscura del siglo, incluyendo a Borges y King.

Weird Fiction

La “weird fiction” es un subgénero de fantasía especulativa un tanto difícil de definir. Se origina a fines del Siglo XIX y principios del XX y se caracteriza por mezclar elementos sobrenaturales, míticos e, incluso, de ciencia ficción. Generalmente se presenta en forma de cuentos cortos y fue publicado en su mayoría en revistas “pulp”.

Lovecraft, uno de los principales exponentes de este género, caracteriza a la weird fiction por su atmósfera que evoca una inexplicable amenaza desde el exterior, la presencia de fuerzas desconocidas y la aparición de indicios que nos llevan a descubrir que nuestras peores pesadillas y especulaciones tienen un dejo de realidad.

El cine de terror clásico (años 30s)

Con un origen netamente americano, el cine de terror de los años 30s recrea a las figuras míticas de la literatura y establece los arquetipos de monstruos que perduran incluso hasta nuestros días. En estas películas, la maldad llega desde lugares extraños y lejanos, encarnada en seres anormales, misteriosos, aberrantes. Los miedos son causados por rasgos extraños que son ajenos a nuestra cultura burguesa y plantean objeciones al sistema. Apenas presenciamos escenas sangrientas.

Los monstruos arquetípicos intentan irrumpir en el orden social normal para destruirlo. Llegan desde tierras lejanas y desconocidas. Estos monstruos no son mas que los miedos de la sociedad, que deben ser enfrentados y destruidos para recuperar la normalidad. A menudo los monstruos se disfrazan de hombres y sólo es posible reconocerlos porque hacen todo lo que nosotros queremos hacer pero no debemos.
Tod Browning filma en 1931 su versión de “Dracula” de Bram Stoker. El vampiro humaniza los aspectos negativos que la sociedad no permite y por lo tanto debe ser destruido.

James Whale en 1931 adapta de forma moralista la historia de Mary Shelley, “Frankenstein”. El doctor Frankenstein es un médico que, por medio de sus conocimientos, libera su otro yo. Sus ansias de creación lo llevan a jugar a ser Dios para crear vida.

La saga continúa en “The Bride of Frankenstein” en donde el villano es humano, uno que proyecta sus deseos sin someterse a las limitaciones sociales.

En “The Mummy” (1932, Karl Freund) la protagonista es una mujer, quien es la reencarnación de una princesa egipcia. La joven, acompañada de un novio insípido y fascinada con la historia del sacerdote Imhotep, viaja hacia Egipto para encontrarse con el mal. La momia revivida la seduce y le cuenta su historia, de manera que la protagonista pasiva, testigo de las atrocidades que comete el monstruo.

En 1933 Cooper y Schoedsack filman “King Kong”. Los personajes se internan en un mundo desconocido y desatan la furia de la naturaleza. El monstruo, representa el instinto sexual salvaje que debe ser controlado y encadenado, pero cuando es imposible dominarlo, hay que destruirlo porque es peligroso para la sociedad.

En esta etapa surge la primera camada de actores antológicos, especializados cada uno de ellos en un personaje o arquetipo, que dedicarán su vida al cine de terror y se convertirán en íconos. Desde la pantalla nos aterrorizan Bela Lugosi, Boris Karloff y Lon Chaney (padre e hijo).

La decadencia del horror clásico (años 40s y 50s)

El horror real se encarna en la Segunda Guerra Mundial y el público prefiere historias que lo entretengan, lo hagan reír y no lo hagan sufrir aún mas. Entre los años 40s y 50s la figura del monstruo va perdiendo su poder metafórico y se repite hasta el hartazgo. La criatura de Frankenstein, el hombre-lobo y Drácula se enfrentan en una misma película, en la que aparecen monstruos de todas partes, se confunden y pierden su identidad. Ejemplos de ellos son “Frankenstein meets the Wolf Man” (Neill, 1943) y “House of Frankenstein” (Kenton, 1944).

En otras películas tales como “The Phantom of the Opera” (Lubin,1943) y “Phantom of the Rue Morgue” (Del Ruth, 1954) los personajes carecen de necesidades y conflictos. La maldad comienza a adentrarse en el hombre, en su mente, marcando el nacimiento del arquetipo del psicópata.

Dos películas salvaron a esta etapa de la decadencia absoluta. Una de ellas es “Freaks” (Tod Browning, 1932) en la que la monstruosidad deja de serla excepción y se transforma en lo normal dentro de un circo ambulante. Esta película demuestra que la belleza no siempre es sinónimo de bondad y logar que el espectador se identifique con los “freaks” y las humillaciones que ellos sufren.

En “The Cat People” (Torneur, 1942) el instinto no es reprimido para encajar en la sociedad, si no que es reprimido por su propia existencia. Esta película de bajo costo sugiere en lugar de mostrar, juega con luces y sombras, logrando un clima dramático, misterioso. Se juega con la insinuación, incluso al plantear la lucha entre la normalidad y la anormalidad, la cual nunca aparece de manera explícita.

Aparece el cine serie B, de menos presupuesto y “calidad”, basando sus argumentos en leyendas o en obras literarias de autores no tan reconocidos.

El manierismo (1954 – 1965)

Mientras el clasicismo se derrumba en películas que niegan a los referentes del género, el cine de terror se diversifica. Hollywood cede algo de espacio al cine europeo y a las producciones independientes, con códigos más o menos maleables y una importante presencia autoral de los directores.

La bomba de Hiroshima desata el miedo al holocausto nuclear y la pantalla se llena de mutantes radioactivos. Un comerciante de Estados Unidos es responsable del primer avistaje de platillos voladores, el hombre llega a la Luna y los seres de otros planetas colman las películas. Los jóvenes se rebelan contra Vietnam y surge el movimiento hippie, derribando tabúes sexuales. La televisión transmite la guerra en vivo y el público se habitúa a la sangre, exigiendo que las películas muestren aún mas. De esta manera nace el “gore”.

Se produce la explosión del cine de terror. Fue la era dorada de Hammer Pictures y sus íconos: Christopher Lee, Peter Cushing y sus chicas pulposas y desinhibidas (Ingrid Pitt, Caroline Munro, Veronica Carlson). Es cuando se forma esa gloriosa sociedad entre Roger Corman, Vincent Price y la obra de Edgard A. Poe, que también sería semillero de grandes realizadores cinematográficos.

Los monstruos dejan de ser una proyección de inconsciente para contra-atacar a la sociedad, destruyendo su estructura y empujándola al progreso y la libertad sexual. La lucha entre el bien y el mal está bien definida y es una de las características distintivas de esta etapa.

Terence Fisher, en sus trabajos para Hammer Pictures, resume la ideología manierista en sus obras, recuperando del olvido a los monstruos clásicos. Sus protagonistas puritanos y retrógrados se enfrentan a monstruos libertinos que pretenden destruir la sociedad. En su trilogía basada en la historia de Drácula (“Horror of Dracula” 1958 – “Brides of Dracula” 1960 – “Dracula, prince of darkness” 1966) es donde mejor se pueden analizar las características de esta etapa. Vemos los primeros experimentos con el color, el enfrentamiento entre la familia puritana (Mina y Arthur) y el monstruo libidinoso y sus aliados (Dracula y Lucy), una tensión sexual bastante explícita. Descubrimos que el mal ya no viene de afuera, si no que anida en el seno de la sociedad burguesa.

Roger Corman responde desde tierras americanas a la numerosa producción británica de Fisher y la Hammer. A pesar de partir desde temáticas similares (la decadencia de las clases altas, el horror que acompaña a ese descenso), no necesita monstruos personalizados. El horror pulula explícitamente alrededor del hombre y se hace carne en la locura. Esta locura es una amenaza intangible, las defensas son cada vez más inútiles contra ella y no queda más que sentarse a esperar que se desencadene. De esta manera Corman da origen al arquetipo del psicópata. Algunas de sus mejores películas son “House of Usher” (1960), “Premature Burial” (1962), “The Pit and the Pendulum” (1961), todas ellas adaptan historias de Poe y cuentan con la presencia estelar de Vincent Price.

Hitchcock entra en escena con su “suspense”, creando una tensión casi palpable que antecede al desastre. A pesar de que se lo ha asociado con el género policial, “Psycho” (1960), su obra maestra, nos aterroriza e inquieta al enfrentarnos al recientemente “inventado” psicópata (psycho-killer). Norman Bates es el catalizador del caos que lo rodea, de la psicosis que se esconde dentro de un buen hijo y ciudadano.

El cine de género va tomando matices locales, tratando de adaptar las características manieristas de Corman y Fisher a diferentes regiones y llevando al extremo sus características. Así surgen Paul Naschy en España o Bava, Fulci y Argento en Italia. El cine italiano de género de esta época se caracteriza por explotar los rasgos visuales de sus films, los cuales rebosan de violencia, sangre, entrañas y sexo.

En 1961 el terror salta a la pantalla chica con “The Twilight Zone”, serie con más de un capítulo escalofriante, que abriría el camino a otros seriales tales como “Night Gallery” en los 70s o “Tales from the Crypt” en los 80s.

En 1962 se estrena “Mondo Cane”, una especie de documental macabro, editado a partir de imágenes reales mezcladas con otras especialmente armadas. Esta película muestra a un grupo de investigadores que interactúa con una tribu de caníbales, demostrando que, a fin de cuentas, el hombre blanco es el verdadero salvaje. Se inaugura entonces el género “Mondo” que en numerosas ocasiones se mezclará con el terror más crudo.

El cine de autor nace y muere con su creador. No ha existido hasta nuestros días realizador alguno que pueda continuar el legado de Corman, Hitchcock o Fisher, ni siquiera con remakes actualizadas de sus historias. A medida que van pasando los años las fórmulas “Hammer + terror” y “Corman + Poe” se repiten hasta agotarse.

El Modernismo (1965 – 1977)

Se desarrollan nuevas tecnologías que permiten filmar con costos menores. Esto permite la consolidación de la serie B, basadas en escritores más modernos y que mezclan toques de humor negro con el terror. El cine de terror que, hasta el momento, no estaba demasiado regulado por la censura, sufre los recortes de un nuevo organismo encargado de clasificar las películas según la edad del público que puede verla.

En 1965 Roman Polanski filma “Repulsion” y da paso a la era moderna del horror, utilizando los elementos narrativos del cine clásico para hablar de otros temas. Es la época de los movimientos revolucionarios de jóvenes (hippies), la recesión, el cuestionamiento del capitalismo, el origen de movimientos que proponen nuevas estéticas.

En Europa cae el guión de hierro (el cual tenía que respetarse al pie de la letra) y los directores reclaman el protagonismo perdido. Son ellos ahora los que deciden cómo se filmará la película y abarcan un espacio creativo mayor, convirtiéndose en realizadores. Para ellos el guión no es más que una guía.

En el cine moderno podemos encontrar tres temas principales:

  • el terror de la personalidad: el mundo ha enloquecido y por lo tanto es violento (películas de psicópatas)
  • el terror ante el Armagedón: el hombre se está convirtiendo en algo científicamente anti-humano, el universo es malvado por definición y arrastra al hombre y su entorno hacia su fin (películas con invasiones extraterrestres o relacionadas con el fin del mundo)
  • terror ante lo demoníaco: hay fuerzas más allá del hombre que intentan subvertir sus cualidades intrínsecamente bondadosas (películas con posesiones o encantamientos)

Todas estas desgracias son consecuencia de la destrucción de la familia como institución base de la sociedad. La humanidad se identifica con el fracaso del modelo social y libera la fuerza destructiva de inconsciente. No hay un final feliz, no podemos hacer nada ante las fuerzas malignas que surgen de nuestra propia neurosis.

En 1968 George Romero da origen al género moderno de zombies con “The Night of the Living Dead”, película de bajo presupuesto con una cuota mínima y necesaria de gore. Esta película reflexiona sobre el estado de la sociedad y la destrucción total de la familia: dentro de la casa, la “familia” formada por los refugiados se va desintegrando al no poder lidiar con los problemas; afuera, la civilización destruye al hombre civilizado, el cual se convierte en un animal primitivo.

Aparece el cine “explotation” en el que se tratan temas actuales y polémicos con un tono morboso. El terror no es inmune a esta moda y resulta en versiones afroamericanas de Drácula (“Blackula” Crain,1972) y vampiras homosexuales (“Vampyros Lesbos” Jess Franco, 1972).

El género se divide en esta etapa tomando uno de dos caminos posibles. La industria cinematográfica encasilla a sus producciones en el conservadurismo, con poca flexibilidad para adaptar temas actuales. Vemos esta tendencia conservadora en “The Devil rides Out” de Hammer Pictures (Fisher, 1968) o en el falso modernismo de “The Exorcist”(Friedkin, 1973). Por otro lado, algunos cineastas tratan de mantener su independencia, siguiendo el ejemplo de Romero, alcanzando una madurez ideológica. Entre ellos podemos reconocer a Brian De Palma, Wes Craven, Tobe Hoper o Cronenberg.

Tobe Hoper utiliza su “Texas Chainsaw Massacre” (1974) para hacer un experimento mas o menos vanguardista. Produce una explosión en el género, exteriorizando los terrores en la violencia, vísceras e imágenes explícitas. En ella vemos dos familias enfrentadas y opuestas pero igualmente decadentes: la familia burguesa y superficial se enfrenta a otra con lazos muy fuertes pero “podrida” socialmente. Inaugura con este film el género “Slasher”.

Las siguientes producciones quedan divididas en cuatro opciones bien diferentes:

  • la total sumisión a la industria: “Jaws” (Spielberg, 1975), “The Omen” (Donner,1976)
  • la absoluta experimentación: “Eraserhead” (Lynch, 1977)
  • un intento de equilibrio entre los dictados de la industria y la experimentación: “The Exorcist II: The Heretic” (Boorman, 1977)
  • la vuelta a las raíces del modernismo: “The Last Wave” (Weir, 1977)

Aunque muchas de esas películas hoy sean consideradas como obras de arte clásicas, en su era no gozaron de la mejor repercusión. Toda producción filmada sin el aval de la industria solía fracasar y esto produjo una crisis en el género de terror, el cual era considerado con frecuencia como un género menor, relegado a producciones clase B.

El terror post-modernista (1978 – 1991)

En 1978 se vive la peor época para el cine de terror. La industria tiene a homogeneizar y a ignorar a los géneros “mal vistos”, produciendo películas pensadas para no sacudir al sistema. Las vanguardias independientes no tienen fuerza como para continuar el género.

Este periodo está marcado por el fracaso de las utopías (hippies) y empieza a regirse por directrices rígidas, las mismas contra las que se revelaban los grupos de la década anterior. Prevalece un culto agresivo al individualismo, un rechazo a los proyectos colectivos. Los aspecto socio-políticos de esta época crean sus propios fantasmas, seres que materializan la maldad y los deseos reprimidos y vencen las resistencias mentales humanas.

El terror se consolida como un género para adolescentes, cargado de sangre, gore, sexo y roles exagerados. Se sobre-explotan los géneros que habían resultado efectivos en los 70s, produciendo el agotamiento del Slasher.

Carpenter filma entonces “Halloween”, volviendo a los postulados clásicos del cine de terror con una estética revitalizada y renovada. El espectador vuelve a ser el centro neurálgico de la película y, mediante tomas subjetivas, se convierte en el monstruo, en el asesino o en su cómplice. El mal de Carpenter no sólo ha invadido la normalidad, si no que la está desintegrando.

El asesino psicótico de Carpenter es atraído por la fascinación que le causa el derramamiento de sangre y los cuerpos de mujeres jóvenes. Está desquiciado sin explicación alguna, todas las defensas han sido rotas, es el mal encarnado. Ni siquiera el psicólogo (la institucionalidad) que estudia al asesino puede desentrañar el origen del mal. Es imposible comprenderlo y por lo tanto hay que destruirlo.

El género se renueva modificando su propio discurso a través de giros irónicos dirigidos conscientemente al espectador. Usan a los mitos de forma exacerbada, manejándolos con sarcasmo. Aparecen citas y referencias a otras películas. El espectador asume el protagonismo y se desintegra junto con sus valores morales y sociales.

El héroe post-moderno actúa la límite de la legalidad, convencido de que le fin justifica los medios. A pesar de que son considerados como figuras negativas, hacen lo que sea necesario para prevalecer sobre el mal verdadero.

San Raimi revoluciona el género con su serie “Evil Dead” (1981) y “Evil Dead II” (1987). Utiliza el cinismo para mostrar el vacío de contenido: “estamos tan vacíos que podemos mostrar personajes con psicología nula”. Raimi acumula referencias al género y destruye el código mediante su exacerbación. Sus personajes son sometidos a todo tipo de posesiones y mutilaciones, una y otra vez, agrediendo al espectador visualmente y de forma premeditada para abrumarlo y adoctrinarlo. Lo obliga a contemplar los rituales de su propia autodestrucción. Estas películas reducen al género a su esqueleto, mostrando personajes que no evolucionan ni reaccionan ante los acontecimientos, con sobresaltos que se suceden casi sin conexión narrativa. Es una reflexión sobre el género de terror.

El momento cumbre de este período se alcanza con “A Nightmare on Elm Street” (Craven,1984), posicionándose a mitad de camino entre el asesino psicópata y algo más visceral. Es la historia de la venganza llevada a cabo por un monstruo que es producto de la mente enferma de una sociedad en decadencia. Tiene su origen en el pecado original (“No matarás”) y surge de los sueños de los hijos de los pecadores. Freddy Krueger es el verdugo de una sociedad que muere a causa de su complejo de culpa y es el resultado de la decadencia de esa misma sociedad. Es un monstruo a la vez repugnante y atractivo, que puede torturar y asesinar a sus víctimas de formas horribles, pero a la vez juega con ellas causando risas cínicas entre los espectadores.

Una nueva generación de escritores terrorríficos

La cultura del Best-Seller llevó a que la mayoría de la literatura de la era moderna/post-moderna sea de contenido explícito y fácilmente digerible. Autores como Stephen King, Dean Koontz, Anne Rice, Peter Straub y Clive Barker, son técnicamente correctos pero muy prefabricados.

Stephen King ha marcado las claves de la novela de terror actual. Coloca a personajes ordinarios enfrentados a experiencias extraordinarias, lo cual consigue una fácil identificación con el público. King ha escrito tantas obras, que se ha ahogado en su propia falta de originalidad.

Clive Barker abandona toda sutileza para recrearse en las vísceras y la mutilación. Su estilo muy similar al gore cinematográfico no hace más que poner de manifiesto la decadencia y corrupción humanas.
Ray Bradbury, a pasar de ser conocido por sus historias de ciencia ficción, ha escrito relatos escalofriantes en forma de historias contadas con sencillez, pero de un poder enorme.

Dean Koontz es un escritor muy prolífico (y un tanto repetitivo a veces) cuyas obras se caracterizan por una creciente paranoia, mostrando a personas ordinarias atrapadas en eventos que apenas pueden entender, forzados a huir de fuerzas que están más allá de su comprensión.

Richard Matheson describe a gente ordinaria atrapada en situaciones que se hacen progresivamente más terroríficas a medida que la historia avanza. Sus obras se han destacado tanto en el ámbito de la literatura, como de la escritura cinematográfica.

Anne Rice tiene la capacidad de tomar elementos acerca de los cuáles se ha dicho todo y observarlos con un nuevo enfoque y agregando elementos eróticos con sutileza. Sus vampiros se convierten en estrellas de rock y se entremezclan en la sociedad, convirtiéndose en la nueva aristocracia de nuestros tiempos.

Los años 90s

Las sagas originadas en la década anterior se repiten hasta agotar su encanto. La pantalla se llena de remakes innecesarias, adaptaciones de videojuegos y reversiones de los clásicos, pero despojándolos de todo su sentido y encanto original.

Wes Craven vuelve al ruedo con “Scream” (1999) y lo que parece ser un nuevo film slasher termina convirtiéndose en una reflexión acerca de las características del género. Ese mismo año “The Blair Witch Proyect” arremete con una original campaña publicitaria que nos vende este film como una especie de documental, que recupera las filmaciones de un grupo de jóvenes desaparecidos en el bosque. Ambas películas hacen que recuperemos al menos algo de fe en el género.

New Weird (90s-2005)

La ya clásica Weird Fiction ha evolucionado en un nuevo género, conocido como “new weird”. Estas historias aparecen generalmente en el formato de novelas ambientadas en ciudades y entornos urbanos conocidos, pero que se muestran como complejos escenarios que combinan elementos de fantasía y ciencia ficción. Estos elementos fantásticos, lejos de tener un efecto reconfortante, perturban y sacuden al lector, derribando las barreras entre la fantasía, la ciencia ficción y el horror sobrenatural. Uno de sus principales exponentes, es el escritor inglés China Mieville.

Llega el siglo XXI

Con la llegada del nuevo siglo surge el “torture porn”, películas que se centran en la tortura y el sadismo con más bien poco argumento. En el 2005 Eli Roth dirige “Hostel” y este género alcanza fama mundial. Hoy en día es la fórmula que siempre funciona y se explota sin piedad.

Se pone de moda el terror asiático, en muchos casos, a través de sus cuestionables remakes norteamericanas. Esta corriente asiática nos trae películas con características bien distintivas: fantasmas, poca sangre y gore, niños raros y temas actuales, presentes generalmente en algún instrumento tecnológico que es “poseído” por el fantasma de turno.

En la última década el formato de serie televisiva explota y el terror encuentra su nicho también en la pantalla chica. Series tales como “Supernatural” o “American Horror Story” toman elementos clásicos del género y los adaptan a la televisión, dejando un poco de lado el gore, basándose en leyendas tradicionales y urbanas. “The Walking Dead” lleva la historia del cómic del mismo nombre al formato visual con un importante éxito. También asistimos a la transformación de los cuentos de hadas, mostrando su lado más oscuro, en series como “Grimm” o “Once Upon a Time”.

Panorama local

La literatura fantástica y de terror en Argentina ha sido especialmente prolífica desde principios del siglo XX, constituyéndose como una de las más ricas del habla española.

Muchos factores son los que pudieron haber influenciado el desarrollo de este género:

  • un gran polimorfismo cultural, alimentado por las corrientes inmigratorias, que nutrió a la cultura local de diversas costumbres y leyendas mundiales
  • la inmensidad geográfica de nuestro país proporciona una ambiente de aislamiento ideal para el surgimientos de historias terroríficas y fantásticas
  • diferentes corrientes filosóficas se encontraron en nuestras tierras y se amalgamaron en formas insospechadas: la lógica científica del positivismo se unió al auge del espiritismo dando vida a historias inquietantes.
  • Los estudios científicos en el campo de la psicología forense y las psicopatologías también sirvieron de inspiración para más de un asesino psicótico
  • hasta estas tierras, pobladas de nutridas bibliotecas, ha llegado la influencia de muchísimos autores traídos por los inmigrantes (Poe, Chesterton, Verne, Hoffman, Stevenson, etc.)

Entre los autores clásicos del género fantástico (incluyendo entre sus obras más de una historia que causa terror) se destacan Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones, Bioy Casares, Borges, Cortázar, Sivina Ocampo y Enrique Anderson Imbert.

La nueva ola de escritores de terror locales, se abre paso con historias crudas, que logran crear climas inquietantes, encarnando a la figura del mal en el hombre y su locura y no tanto en elementos sobrenaturales. El horror se tiñe de tintes políticos, siendo el reflejo de la sociedad actual y de heridas que aún hoy no han sanado (como las causadas por la última dictadura cívico-militar).

En el ámbito cinematográfico, el desarrollo de este género en la Argentina estuvo ligado a los períodos de democracia, desapareciendo durante los gobiernos de factos. En los años 90 se produce la explosión del género de la mano de productoras independientes, como Farsa, que empiezan a hacer películas de género con escasos recursos pero con mucha creatividad, ingenio y buenos guiones.

En este siglo se sumaron otras productoras, como Furia Films y Paura Flics, quienes desde un lugar independiente han contribuido con producciones de gran calidad y ayudados por nuevas tecnologías digitales que permiten obtener mejores productos a menores costos. La distribución también corre por cuenta de empresas independientes (Video Flims y Sarna) en la mayoría de los casos.
Recién en los últimos años el cine nacional de terror ha recibido apoyo oficial (INCAA) y empieza a aparecer en salas comerciales de todo el país.

La “domesticación” del horror

Los elementos clásicos de la literatura de terror, especialmente sus monstruos arquetípicos, se han incorporado en nuevas estructuras y productos populares que exceden los límites del género. La humanidad ha descubierto que puede “jugar” con aquello que lo aterroriza, ironizando lo que el el principal objetivo del género. Los monstruos son utilizados ahora en formas placenteras, que nos permiten asimilarlos, desestimando todas las implicaciones negativas que este personaje tiene. De esta manera, los sentimientos de horror, indefensión, peligro, etc se suavizan culturalmente.

Los monstruos se convierten en objetos de adoración, modelos estéticos. Al convertirse en íconos de la cultura moderna pierden gran parte de su fuerza y se los despoja de su significado terrorífico y su función psicológica.

Se han escrito páginas y páginas de terror para niños, con monstruos simpáticos y finales felices. Los dibujos animados han incorporado a sus hordas de villanos figuras del horror clásico venidas a menos e incapaces de provocar miedo. Tenemos versiones en peluche de dioses primigenios, muñecas de vampiros, disfraces de cada monstruo que jamás haya existido, parodias de películas del género y un largo etcétera.

La nueva literatura para jóvenes adultos a menudo toma elementos o arquetipos del género de terror para hablar de temas que preocupan a esta parte de la población: identidad, sexualidad, depresión, suicidio, relaciones con sus pares, abuso de drogas, alcoholismo. Su intención no es causar miedo, si no que pretende lograr una identificación del lector con el protagonista, quien, con ayuda de sus características sobrenaturales, se sobrepone a los problemas cotidianos. Novelas tales como la saga “Twilight” de S. Meyer no pueden ser consideradas como relatos de horror.

¿Por qué nos fascina el horror?

Llama mucho la atención cómo el terror, que trata de atraer seguidores con elementos repulsivos y desagradables, ha reunido una enorme cantidad de adeptos. La humanidad trata por lo general de evitar la violencia, el derramamiento de sangre, el peligro y todo aquello que causa miedo en su vida diaria, pero busca historias cargadas de estos elementos como entretenimiento.

El horror sobrenatural evoca sentimientos de terror sagrado y miedo cósmico. El primero de ellos se relaciona con el desconcierto típico de la religión, la cual pretende asegurar la existencia de cosas que la sociedad materialista no puede abrazar. El miedo cósmico tiene que ver con la intuición instintiva que puede revelar lo que el materialismo niega.

Los monstruos representan la deformación de la realidad, encarnados en entidades con poderes y habilidades sobrenaturales. Suelen ser criaturas grotescas, pero el deseo de poseer esas habilidades y poderes es tan fuerte que logran que la fascinación supere a la aversión.

Los personajes de las historias de terror pueden ser interpretados como la representación de nuestra ansiedad contenida, los artífices de nuestras fantasías latentes. Muestran personalidades divididas, cuyas partes están en eterno conflicto entre el bien y el mal, la razón y el instinto, lo humano y lo inhumano.
En estas historias encontramos a menudo esquemas culturales represivos y fenómenos que la sociedad considera irreales y apunta a la eliminación de esta represión y la expansión de las fronteras de la realidad. Es una expresión del desacuerdo con la sociedad y las políticas actuales.

No siempre hay finales felices. Eso nos da una idea de lo que puede pasar si dejamos que el mal tome el control de la sociedad y actúa como advertencia hacia las personas, impulsándolos a actuar con buena voluntad.

Las historias de terror sirven también de entrenamiento para nuestra habilidad de actuar ente situaciones críticas, según el Dr. Mathias Clasen de la Universidad de Aarhus (Dinamarca). Cuando nuestros ancestros cazadores/recolectores vivían en las cavernas, era importante estar preparados para hacer frente a una ataque de un predador o de los microorganismos que descomponían la comida. Ellos se entrenaban para enfrentar esas situaciones y el deseo de estar listos y sobrevivir dejo una impronta en nuestro material genético, que ha llegado hasta nuestros días. Cuando miramos una película de terror estamos satisfaciendo ese deseo: nos estamos preparando para enfrentarnos al peligro.